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REPORTAJES

Drama y éxtasis: los tiros que cambiaron la historia de la NBA

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Juanma Rubio

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¿Pensaríamos lo mismo de Michael Jordan si, en vez de ganar seis anillos en seis Finales, no hubiera terminado su carrera invicto en series por el título? ¿Cuántas veces estuvo el 23 verdaderamente a punto de no ser campeón? ¿Qué habría pasado si Hakeem Olajuwon y los Rockets hubieran sido el rival de los de Illinois en alguna de esas Finales? ¿En cuántos momentos pudo cambiar la historia de los duelos entre los Celtics de Larry Bird y los Lakers de Magic Johnson? ¿Cuántos títulos habrían ganado los angelinos si hubieran acabado antes con su maldición contra los odiados verdes? Son muchos what if, muchos condicionantes en la historia de los mejores equipos que ha conocido la NBA. Leyendas que podrían haber cambiado, para bien o para mal, por un solo tiro que se hubiera salido, un fallo en la hora de la verdad. Desde el primer anillo de los Celtics en los cincuenta al alley oop de Giannis Antetokounmpo en las últimas Finales, en julio.

No están todos los que son, pero son todos los que están: este es un repaso por canastas legendarias, acciones que encuadernan la historia de la NBA, que cambiaron legados y crearon dinastías. O las evitaron. Estrellas en la hora de verdad, secundarios que dan un paso al frente, tiros imposibles que acaban entrando y victorias que valen porciones enormes de títulos, que tiñen de oro carreras enteras. Estas son algunas de esas acciones, inolvidables, que transformaron la historia de la NBA y la escribieron en la prosa que hoy todos conocemos. ¿Qué podría haber pasado si…? Nunca lo sabremos, pero aquí están Jordan, Magic, Bird, Paxson, Horry, Nowitzki, Stockton…

1957

Bob Pettit perdonó la vida a los Celtics

Primero fue la BAA, que arrancó en 1946 y que coronó como primer campeón, en 1947, a Philaadelphia Warriors. Después llegó, con la transformación en NBA, la primera dinastía, los Lakers (en Minneapolis) de George Mikan. Y, después, ya avanzada la década de los 50, el colosal equipo de los Celtics que reinó como ningún otro lo ha hecho: en trece años jugó doce Finales y ganó once. Perdió la de 1958 y se quedó sin disputar la de 1967. El resto, once títulos, siete ganados a los Lakers… y tres a St. Louis Hawks, incluido el primero, el de 1957.

Sin embargo, ese primer capítulo de una historia increíble pudo no haberse escrito. Esa Final del 57 fue una serie fascinante (4-3 para los Celtics) en la que cuatro de los siete partidos se resolvieron por dos puntos y el primero y el último necesitaron dos prórrogas. En el séptimo (125-123 final) Bob Pettit (30+18 de promedio en la serie, 39 puntos y 19 rebotes esa noche) tuvo el balón para empatar después de un fallo estrepitoso de Bob Cousy desde la línea de tiros libres. El entrenador-jugador Alex Hannum lanzó la bola desde su zona de saque contra el tablero de los Celtics, con la esperanza de que el rechace fuera a las manos de Pettit. El hail mary salió sorprendentemente bien… pero a Pettit también le tembló el pulso en un tiro que normalmente metía con los ojos cerrados. Los Celtics ganaron así su primer anillo.

1962

Frank Selvy pudo acabar con la maldición

La rivalidad Lakers-Celtics ha cosido la historia de la NBA desde su primer enfrentamiento en unas Finales, en 1959, hasta el último en 2010. En total, doce series por el título con un 9-3 para los verdes que, eso sí, llegaron a dominar por 8-0 y a someter psicológicamente por completo a su rival, que no se vengó hasta 1985, a la novena. Y que repitió en 1987 y 2010, con otro traspiés en 2008.

Esa maldición verde de los Lakers estuvo muy cerca de acabar en 1962, en el segundo duelo en unas Finales y el primero con el equipo en L.A. Los Celtics ganaron 4-3 con un 110-107 en el séptimo después de que Frank Selvy (que había anotado dos canastas en los ataques anteriores) fallara a cuatro metros del aro un tiro franco que habría cambiado la historia en el Garden. En vez de eso, los Lakers no fueron campeones hasta 1972, una década después.

1981

Larry legend se resiste a perder

Cinco años después de ganar a los Suns (1976), los Celtics volvían a las Finales de la NBA, las primeras para un Larry Bird que ganaría ese título (1981) y dos más (1984 y 1986). La acción más recordada en 1981 no llegó en los últimos partidos de la serie, ni en las jugadas finales del encuentro ni supuso el golpe definitivo en el marcador. De hecho fue en el primer partido y con tiempo todavía por delante. Pero, en perspectiva, fue una jugada crucial y una de las más famosas en la legendaria carrera de Bird: Larry legend. Red Auerbach, de hecho (y nada menos) dijo después que había sido una de las mejores acciones que había visto jamás en una cancha de baloncesto.

Los Celtics eran favoritísimos: 62 victorias por las 40 (40-42) de Houston Rockets, el segundo equipo que llegaba en negativo a unas Finales y el que se coló entre los dos primeros anillos de los Lakers de Magic y Kareem (1980 y 1982). Pero ojo, los texanos ganaron el segundo partido en el Garden y tuvieron en la mano llevarse el primero. ¿Qué habría pasado entonces? Nunca lo sabremos, porque Larry Bird impulsó la remontada de los verdes, reafirmada con una jugada increíble en la que tras su propio fallo, desde seis metros, corrió hacia el rebote y lo anotó en escorzo sin tocar el suelo. Antes de esa canasta, el marcador era 84-87. Los Rockets habrían tenido posesión con +3. Los Celtics acabaron ganando 98-95 y Bird sumó 18 puntos, 21 rebotes y 9 asistencias. Los Celtics se impusieron en seis partidos (4-2).

1986

Ralph Sampson evita el gran clásico

Los Lakers solo se quedaron sin jugar dos Finales en la década de los 80. En las dos, 1981 y 1986, su verdugo en el Oeste fue Houston Rockets. Los texanos, que perdieron las Finales con Boston Celtics en ambos casos, aprovecharon los problemas internos de los angelinos en la primera ronda de 1981, pero lograron una machada histórica (1-4) en la final de Conferencia de 1986.

Los Lakers fueron campeones en 1985, 1987 y 1988. En 1986, la NBA se quedó sin un duelo tremendo contra los mejores Celtics de esos años, el impenetrable equipo del 86. Habría sido la tercera Final seguida entre ambos, la del 84 para los verdes y la del 85 para los angelinos, que también ganaron el duelo clásico en el 87. Pero en 1986, los Rockets fulminaron a los Lakers con cuatro victorias seguidas y una canasta heroica: el quinto partido, en el Forum, los Lakers buscaban el 2-3 para seguir vivos y con todas las opciones. Hakeem Olajuwon estaba eliminado y el partido estaba 112-112 a falta de un segundo. La prorroga era una gran opción para los de Pat Riley pero Ralph Sampson, el gigante de 2,24 que formaba las torres gemelas con Olajuwon, recibió el balón desde la banda y lanzó tal cual, apenas adaptándolo a la mano y sin girarse. Una canasta increíble que evitó la remontada de los Lakers y propició una sorpresa colosal.

1987

Magic Johnson se convirtió en Kareem

Pocas escenas más gloriosas como las de las Finales de los años 80 entre Lakers y Celtics. En 1984, los Celtics alargaron la maldición de los angelinos tras una serie terrible para Magic, cuyos errores en acciones cruciales hicieron que algunos le llamaran Tragic Johnson. Pero los Lakers respondieron y se desquitaron en 1985 y 1987, esta última jugada en, tal vez, el mejor momento de dos equipos históricos. Los Lakers en la cima, los Celtics muy cerca ya que se puede considerar que tocaron techo en 1986, cuando ganaron su último anillo de los ochenta.

En esas Finales de 1987, los Lakers volaron en los dos primeros partidos, en el Forum, pero sufrieron lo indecible con el regreso de la serie a Boston. Perdieron el tercero y Larry Bird dijo que a partir de ahí lo tenían «fácil». Y, de hecho, el cuarto duelo pareció darle la razón. Los Celtics tuvieron hasta 16 puntos de ventaja, pero esta vez los Lakers pelearon a muerte. El desenlace de ese cuarto partido fue histórico: triple de Larry Bird después de que los Lakers hubieran tomado su primera ventaja desde el primer cuarto, después un tiro libre anotado por Kareem y, en el último ataque visitante, el inolvidable Baby Sky Hook de Magic. El base imitó al Jabbar, se elevó ante McHale en un gancho de una gracilidad colosal y silenció el Garden, que todavía vio como Bird fallaba un triple franco sobre la bocina. El 3-1 fue demasiado para los Celtics, que acabaron perdiendo 4-2.

1993

Los secundarios de Michael Jordan

Los seis anillos de Michael Jordan en Chicago tuvieron muchos protagonistas más allá del eterno 23: Scottie Pippen, Phil Jackson, Dennis Rodman, Horace Grant… y los especialistas que metieron tiros cruciales, sin los que es difícil saber qué habría pasado. Hubo dos canastas de estos secundarios que resultaron determinantes, una en cada threepeat. Primero, en 1993, los Bulls derrotaron a los Suns en una Final tremenda (2-4) en la que hubo cinco victorias del visitante. Después de perder los dos primeros partidos en Arizona (0-2), los Suns de Barkley se rehicieron, ganaron dos de tres en Chicago (se jugaba en formato 2-3-2) y regresaron vivos a su pista. En el sexto, ganaban 98-96 en el último minuto y tenían a los Bulls en nueve puntos en el último cuarto, todos de Jordan. Buenas perspectivas si conseguían forzar el séptimo, también en casa. Pero los Bulls atacaron con buenos pases, Ainge se equivocó alargando una ayuda a Horace Grant que dejó solo a John Paxson y el ala-pívot asistió al escolta, que anotó un triple crucial (98-99). Después el propio Grant taponó a Kevin Johnson y los Bulls mantuvieron su corona.

En 1997, esta vez en Chicago, fue Steve Kerr el que anotó, asistido por Michael Jordan y con 86-86 en el marcador. También era el séptimo partido, y también se evitó así el drama del séptimo. Kerr rompió hacia la zona y anotó desde media distancia una suspensión que está en la memoria de todos los aficionados. Como lo que pasó después: Utah Jazz no pudo ni atacar porque Scottie Pippen robó la bola, lanzándose al suelo, y asistió a Toni Kukoc, que cerró las Finales con un mate a la carrera.

1997

Stockton y Malone se citan con Jordan

Nunca vimos un Hakeem Olajuwon-Michael Jordan (números 1 y 3 del draft de 1984) cara a cara en unas Finales. El pívot suele decir que cree que habrían ganado a los Bulls, que tenían un perfil de equipo óptimo para ello (y solían hacerlo en regular season). Jordan ganó tres anillos (1991-93) y otros después (1996-98) y entre medias, Olajuwon se llevó los dos suyos (1994 y 95). Ocho años seguidos con los dos al mando. Ese duelo, soñado entonces, estuvo cerca en 1997, pero lo impidió John Stockton.

Al hacerlo, abrió la puerta al doble y tremendo enfrentamiento entre Jazz y Bulls, dos Finales (1997 y 1998) con audiencias disparadas, una competitividad brutal y, finalmente, los dos últimos títulos de Jordan, rematados con el último baile. En 1997, los Jazz se metieron las primeras Finales de su historia gracias a un triple legendario de John Stockton, sobre la bocina del sexto partido de la final del Oeste, en el que su equipo remontó 10 puntos en tres minutos para evitar ir al séptimo. Charles Barkley intentó taponar, sin suerte, un tiro lanzado desde un metro más atrás de la línea de tres.

1998

El colofón épico del último baile de Jordan

Un año después de ese 1997, los Jazz no solo repitieron como rival de los Bulls sino que llegaba como favoritos, y con factor cancha a la lucha por el anillo. El campeón sufría, un último baile (The Last Dance, copyright de Phil Jackson) lleno de problemas, tensiones internas y agotamiento competitivo. Y los Jazz realmente, de verdad, pudieron ser campeones. Tenían controlado el partido en el sexto, con todo a favor para forzar el séptimo, en su casa y contra unos Bulls que acumulaban problemas físicos.

Lo que sucedió, sin embargo, fue Michael Jordan. El mejor de siempre anotó, le robó la cartera a Karl Malone y consumió el último ataque para meter una canasta legendaria tras fintar a Bryon Russell. Su último tiro como jugador de los Bulls, su último anillo. Después falló Stockton y la historia quedó sellada. Eran tiempos de bonanza: siguen siendo las Finales más vistas de siempre, un 18,7 de rating que llevó a la Final de la NBA a superar por primera vez las audiencias de las Series Mundiales de la MLB. Las cosas de Jordan.

2002

Robert Horry, el señor de los anillos

Pocas series tan legendarias como la final del Oeste de 2002, cuando los Lakers avanzaron hacia el threepeat a lomos de Shaquille O’Neal y Kobe Bryant. Y gracias a Robert Horry. El ala-pívot, uno de los mejores tiradores de la historia en situaciones de máxima tensión, logró una canasta sin la que cuesta imaginar que los Lakers habrían podido superar a los temibles Kings de Rick Adelman. En el Staples, y con 2-1 para los visitantes, el 3-1 y casi la sentencia rondó toda la noche (51-65 al descanso). La remontada de los Lakers pareció quedarse corta cuando, con 97-99, Kobe falló una penetración y Shaq no embocó el rebote. De forma casi milagrosa, sin embargo, la bola acabó en la línea de tres, donde Horry anotó uno de los triples más famosos de siempre. Los Lakers pusieron el 2-2 y salvaron el pellejo.

La eliminatoria tuvo emoción, polémica, un baloncesto colosal y una tensión irrespirable. Fue una de las mejores series de siempre. Y Horry fue clave, como otras veces en su carrera, en la que ganó siete anillos con tres equipos distintos (Rockets, Spurs, Lakers). Es imposible no recordar también su triple crucial, en la prórroga del quinto partido de las Finales de 2005, en Detroit: los Spurs pusieron el 2-3 contra los Pistons en el duelo bisagra por el título.

2011

Nowitzki somete al big three atómico

Los Mavs fueron campeones por primera vez en 2011, con un Dirk Nowitzki imperial, que hizo uno de los mejores playoffs de la historia entre actuaciones prodigiosas para liderar a un equipo que llegó a las Finales como teórica víctima de los Heat del big three atómico: LeBron James, Dwyane Wade y Chris Bosh.

Pero, con una dirección magistral de Rick Carlisle, un Nowitzki iluminado y unos secundarios comprometidos y con roles muy definidos, los Mavericks se vengaron de su derrota en 2006 contra los de Florida y provocaron un terremoto en la NBA. Al final fue un 2-4, pero el título habría sido imposible (o eso pareció) sin el épico triunfo en el segundo partido, en Miami, donde los Heat llevaban nueve victorias seguidas en playoffs y donde habían ganado con comodidad el primer partido y mandaron hasta por 15 en ese segundo. Pero los Mavs sobrevivieron, resistieron y remontaron. En el último minuto, para el recuerdo, Nowiztki anotó un triple (90-93), Mario Chalmers empató con otro (93-93) y finalmente el alemán anotó, a falta de menos de cuatro segundos, una penetración heroica con una mano lesionada. Después, falló Wade y la Final se abrió de par en par.

2013

Ray Allen pone a salvo el legado de Lebron

Las maravillosas Finales de 2013 se resolvieron en siete partidos. Dos equipos tremendos, con estilos muy distintos, que estaban en un momento especial: los Heat había ganado en 2012 tras perder las Finales de 2011 y los Spurs se vengaron en 2014, cuando vapulearon a los Heat con una exhibición colectiva de baloncesto.

Pero en 2013, una serie tremenda se resolvió en siete partidos porque los Spurs fallaron con medio título en la mano. Convirtieron un 89-89 en un 89-94 (con fallo de Ginóbili desde la línea de personal incluido). Después de un triple de LeBron, Kawhi Leonard solo metió un tiro libre (92-95) y en el último ataque, LeBron falló de tres, los Spurs (con Tim Duncan en el banquillo) no cerraron el rebote y Chris Bosh encontró en la esquina izquierda a Ray Allen. Uno de los mejores triplistas de la historia no falló, Tony Parker tuvo un último tiro que se fue al limbo y los Heat ganaron en la prórroga y forzaron el séptimo partido, en el que se coronaron tras sufrir mucho y salvar una situación verdaderamente crítica.

2016

Kyrie Irving se eleva sobre Stephen Curry

En una de las Finales más espectaculares de la historia, sucedió lo nunca visto: un equipo levantó un 1-3 en contra en la lucha por el título por primera vez. Y no lo hizo contra un rival cualquiera, fue a los Warriors que eran campeones en defensa de su corona y que acababan de firmar el primer 73-9 de la historia en regular season. Un equipo casi invencible que, de hecho, había remontado también un 1-3 para estar allí, en su caso a los Thunder y en la final del Oeste.

Casi invencible: LeBron James y Kyrie Irving se aliaron para lograr una de la mayores gestas de la historia del deporte estadounidense: tres victorias seguidas, dos de ellas en pista contraria, incluido el decisivo séptimo partido. Un trance de nervios y angustia que llevó 89-89 a su desenlace. Allí, después del histórico tapón de LeBron James a Andre Iguodala, la resolución se alargó hasta los últimos segundos. Kyrie Irving, desde el lateral derecho, anotó un triple con la mano de Stephen Curry literalmente encima. El propio Curry no pudo después empatar y LeBron sentenció con un tiro libre. Pero la imagen de Kyrie elevándose para silenciar el mágico Oracle de Oakland es historia de la NBA.

2019

Kawhi se alía con la diosa fortuna

En la temporada 2018-19 todo parecía listo para que los Warriors, en lo que ya se rumiaba como la despedida de Kevin Durant, sumaran el preciadísimo threepeat. Pero las lesiones castigaron a los de la Bahía, que perdieron en la Final contra Toronto Raptors. Después de cuatros con los Cavs en representación del Este en la lucha por el título, la franquicia canadiense no solo ganó su Conferencia sino que se llevó el primer título de su historia. El premio a la ambición, el órdago por Kawhi Leonard antes de la temporada y la llegada de Marc Gasol después, en el mercado invernal.

Después de cinco años frustrantes en playoffs, los Raptors se deshicieron de Dwane Casey (Entrenador del Año), auparon a Nick Nurse y se hicieron con Kawhi Leonard, que quería irse de los Spurs. Y todo funcionó: en playoffs cayeron los Magic en primera y los Bucks en la final del Este. Después, los Warriors. Pero entre Orlando y Milwaukee, en semifinales de Conferencia, los Raptors ganaron una serie increíble, durísima, a unos magníficos Sixers (Jimmy Butler, Joel Embiid, Ben Simmons, Tobias Harris…). Todo se resolvió en Canadá, en el séptimo y sobre la bocina. Butler empató a cuatro segundos del final y en el último ataque, un Kawhi supremo (41 puntos) recibió, se fue hacia la derecha tras driblar ante Simmons y lanzó ya en la esquina, punteado por Embiid. El tiro rebotó cuatro veces en el aro… y entró: 92-90 y 4-3. Los Raptors en las Finales, rumbo al anillo tras uno de los tiros más increíbles de la historia de los playoffs.

2021

Giannis Antetokounmpo impone su voluntad

Los Suns nunca han sido campeones de la NBA. Nunca han estado, de hecho, a un partido del anillo. Las tres Finales que han jugado, las han perdido 4-2 (1976, 1993 y 2021). La última parecía su año, su gran ocasión. Con Giannis Antetokounmpo tocado por un problema de rodilla, los de Arizona abrieron la serie con dos victorias en su pista, un 2-0 que les dejaba cuesta abajo, siempre con un hipotético séptimo en su pista. Sin embargo, no ganaron más y los Bucks se llevaron su segundo título, el primero en medio siglo, desde 1971.

La remontada tuvo un momento clave en el quinto partido, cuando la serie volvió a Phoenix empatada (2-2) y los Bucks robaron el factor cancha y el derecho a sentenciar en el sexto, en su pista. En los últimos segundos, llegó la secuencia que cambió las Finales: Jrue Holiday falló, con 119-120, y la bola quedó en manos de Devin Booker. El escolta de los Suns penetró, con la opción de poner a su equipo en ventaja para el match point, pero Jrue, por detrás, le arrancó la bola de las manos y en la transición rápida asistió a Giannis, que se elevó para completar un alley oop que ya es leyenda de las Finales: 119-122 que los Suns ya no cerraron en los últimos segundos y que dejó todo listo para el golpe de gracia, en Milwaukee.

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REPORTAJES

Felipe Reyes: «Me planteé dejarlo, pero decidí luchar por mis sueños»

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Ricardo González

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En junio colgó las botas Felipe Reyes, uno de los jugadores más trascendentes del baloncesto español en este siglo, un competidor nato que lo ganó todo con el Real Madrid y la Selección, incluso una Copa con el Estudiantes. Una carrera modélica que alargó hasta los 41 años por su constante espíritu de superación. Acumuló 23 temporadas en la élite, 17 en el Madrid, y conquistó 24 títulos de club y 10 medallas con España, todo después de 1.565 partidos. Para él es el Premio Leyenda.

Que le digan «¿qué hay, leyenda?», ¿le suena ahora mejor o peor que cuando jugaba?

Me suena fenomenal, pero también cuando estaba en activo, siempre lo entendí como que he hecho bien las cosas en mi carrera.

Por eso le reconocemos en los Premios AS del Deporte en la categoría de Leyenda.

«De chaval miraba los ases de mi hermano Alfonso y si solo había uno…»

Agradezco todos los reconocimientos, y en especial este. Lo valoro mucho porque viene de un periódico deportivo prestigioso que he seguido a lo largo de mi carrera. Recuerdo, cuando era un chaval, ir al periódico para ver los ases que le habían puesto a mi hermano Alfonso. Si veía tres, estaba muy bien; pero cuando solo había uno, me enfadaba un poco (se ríe).

Lleva unas semanas que vuelve a estar oficialmente vinculado al Real Madrid, ahora como Embajador del club.

Felipe Reyes con Florentino el día que anunció su retirada.


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Felipe Reyes con Florentino el día que anunció su retirada.

Sí, estoy muy contento de seguir aportando cosas al club de mi vida y muy agradecido, sobre todo al presidente por haber pensado en mí y haberme ofrecido este puesto. Me gusta seguir cerca del equipo, he echado mucho de menos a todos en estos cuatro meses en los que no los he visto a diario. Ahora no añoro jugar, lo de tirar a canasta pertenece al pasado, pero si puedo ayudar un poco a los jóvenes y a los lesionados, estaré ahí.

Lleva toda una vida bajo los focos, ¿cómo recuerda sus inicios hace 30 años?

Empecé en la cantera del Estudiantes y a los primeros entrenamientos acudía con muchísimo nerviosismo, era muy vergonzoso e iba con algo de miedo. Todo fue bastante duro al principio, hasta que mejoré un poco y empecé a disfrutar en los partidos, porque siempre he sido muy competitivo. Luego, di el salto a la canasta grande (desde minibasket) y me quedé bajito, lo pasé mal. Los chicos de mi edad se habían desarrollado y me sacaban bastantes centímetros. Estaba en preinfantil (12-13 años) y en infantil fue aún peor. Estuvimos en el Campeonato de España y casi no jugaba, el entrenador no contaba conmigo y al curso siguiente me bajaron al cadete B. Me dijeron que no tenía cualidades para el baloncesto y esas cosas duelen de niño.

«Me dijeron que no tenía cualidades para el baloncesto»

¿Cómo superó aquello?

Me puse a trabajar muchísimo y pegué el estirón. Al año siguiente ya me cogieron para el equipo A y seguí subiendo escalones: primero con la selección madrileña, luego con la española y poco a poco iba alcanzando objetivos.

¿Pensó en dejar el baloncesto en los momentos malos?

Sí, cuando me bajaron al cadete B. Escuchaba muchas cosas que me hacían daño, entre ellas que por ser el hermano de Alfonso me había metido inicialmente en el equipo A, por lo que me planteé dejarlo. Los compañeros o sus padres no te lo decían directamente; sin embargo, al final te acababas enterando. Para mí, de pequeño, ser el hermano de Alfonso fue más un obstáculo que una ayuda; pero decidí seguir luchando por mis sueños.

Cuando se quedó bajito, ¿en qué posición lo ponían?

Siempre de pívot, de cuatro o de cinco, y más tarde jugué de alero en el año del EBA, cuando subía con el primer equipo, para tratar de cambiarme de posición. Los aleros altos estaban de moda, pero yo me sentía mucho más cómodo por dentro. Empezaba por fuera y siempre acababa yendo debajo del aro.

Guerrero en la pista y vergonzoso fuera de ella.

«En las entrevistas lo pasaba fatal, me daba mucha vergüenza, y aún tengo algo de miedo escénico»

Sí, soy una persona en la cancha y otra fuera. Soy tímido, aunque con el tiempo he tratado de coger antes la confianza con la gente, creo que he mejorado. Recuerdo que en las entrevistas lo pasaba fatal, me daba mucha vergüenza y cada vez que veía un micrófono me temblaban las piernas. Con la experiencia se te va pasando y, pese a ello, mantengo algo de miedo escénico cuando me toca hablar delante de mucha gente (se ríe). Lo mío siempre fue la pista, ahí me sentía cómodo y me daba igual que hubiera 5.000 o 20.000 espectadores. En el vestuario me costaba también en las primeras semanas, aunque cuando cogía la confianza acababa siendo el que más chorradas hacía.

En 1999 ganan el Mundial júnior, ¿sintió que se abrían las puertas de la élite?

Después de quedar campeones del mundo júnior por primera vez era normal que los clubes nos quisieran dar una oportunidad. Podíamos aprovecharla o no, pero debíamos tenerla. De talento íbamos sobrados y mentalmente éramos fuertes, quedaba seguir esforzándonos para continuar nuestro desarrollo.

Al ver a Raúl López y Navarro, ¿qué pensaba?

Que técnicamente iban sobradísimos, que lo hicieran bien en sus inicios en la ACB no nos sorprendió a nadie. Nos alegrábamos muchísimo cada vez que debutaba algún compañero de nuestra selección. Nos escribíamos, nos dábamos la enhorabuena, les preguntábamos que qué tal con este jugador y con el otro…

En 2000, con 20 años recién cumplidos, ¿llegó a pensar que iría a los Juegos?

Felipe Reyes y Pau Gasol, lesionado, celebran el oro en el Mundial 2006.


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Felipe Reyes y Pau Gasol, lesionado, celebran el oro en el Mundial 2006.

A Pau Gasol y a mí nos convocaron en Madrid para una comida, había una preselección de jugadores, y Lolo Sainz (el seleccionador) nos dijo que íbamos por el buen camino, que siguiéramos así, aunque ese verano jugaríamos el Europeo de Macedonia con la selección joven y que al año siguiente podríamos estar en la absoluta. Fue difícil, ya iban Navarro y Raúl y quizá todavía no estábamos preparados.

Y al año siguiente…

Fui con Pau al Eurobasket, aunque en el Europeo joven de 2000 ya se vio que él estaba preparado para la absoluta. En unos meses dio un gran cambio y pasó a ser la estrella de la Selección con 21 años recién cumplidos. Yo había hecho una buena temporada, pero tenía muchos jugadores de gran calidad por delante: Pau, mi hermano, Garbajosa, Kornegay… Minutos complicados, aunque lo disfruté muchísimo.

Justo un mes antes del Eurobasket 2001 se había frustrado su primer intento de fichar por el Madrid. Para no gustarle las cuestiones extradeportivas, se montó un buen revuelo.

Pues sí, al final no conseguí irme aquel verano al Madrid porque el Estudiantes igualó la oferta en el derecho de tanteo. Al principio fue un palo duro, pero de nuevo me sirvió para seguir trabajando con el reto de ganarme otra oportunidad más adelante. Desde pequeño se presentan obstáculos y no hay que venirse abajo, sino luchar. Fichar por el Madrid era uno de mis objetivos y acabé consiguiéndolo (tres años después, en 2004).

Entre el fichaje frustrado y el definitivo, su hermano Alfonso se le adelanta y se va al Madrid en 2002. Tiene varios duelos directos con él y con Kaspars Kambala, que le agredió, ¿cómo vivió aquello?

Tampoco le doy mucha importancia, aquello se quedó en la cancha. Estaba preocupado por ayudar a mi equipo y quería que el Madrid no se dejara de fijar en mí. Hubiera estado bien haber coincidido con mi hermano también en el Madrid, pero él acabó su contrato y se fue a Lugo justo cuando yo llegué. Jugamos juntos en el Estudiantes y en la Selección y siempre lo he idolatrado. Si podía pasársela, se la pasaba. Éramos dos pívots interiores, yo tenía más explosividad y era un poco más rápido, y él era aún más interior, percutiendo al poste bajo era muy difícil pararle.

Aterriza en la Casa Blanca en 2004 con 24 años, viéndolo con perspectiva quizá fuera el momento justo, mucho más preparado y hecho como jugador.

Creo que sí, venía de dos años muy buenos en lo individual y de jugar la final de Liga en una temporada increíble en lo colectivo. El Madrid fue a muerte a por mí y llegó a un acuerdo con el Estudiantes. Era el momento perfecto.

Felipe Reyes y Bullock en 2006.


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Felipe Reyes y Bullock en 2006.

Llegar y besar el santo. Celebró con el dorsal 14 aquel final increíble de Vitoria en 2005 con el triple de Herreros y dos temporadas después consiguió la Liga y la Copa ULEB con Joan Plaza; pero luego vivió años bastante duros.

La primera temporada fue muy bonita, aquella Liga, también disputar la final de Copa. Con Boza Maljkovic aprendí bastante, un entrenador muy importante en mi carrera. El segundo año no resultó bueno, pero me ayudó a crecer. En 2007 llegó Plaza con varios jugadores nuevos, algunos españoles, como Raúl y Mumbrú, se creó un bloque y un ambiente increíble. Uno de los mejores años de mi carrera en lo personal y encima ganamos la Liga y la ULEB. Una temporada que se te queda grabada por lo que consigues y por el buen rollo en el vestuario. A partir de ahí vienen tiempos de sequía.

Algunos aficionados se acuerdan de Raúl, Bullock, Mumbrú, Hervelle… y les hubiera gustado que disfrutaran como usted de los éxitos de la era Laso.

Y a mí, formábamos un gran bloque, empezamos muy bien, pero quizá las piezas que se incorporaron luego no lograron rendir al nivel previo. En el Madrid se exige luchar por los títulos y ganar, cuando no se consigue es difícil.

Y aterrizó Messina, que le pedía jugar más por fuera.

No fueron años buenos en lo deportivo, pero aprendí y en su primera temporada me lancé a tirar de tres y eso me ayudó posteriormente.

En 2011 llega Laso. Tenía 31 años y en 7 temporadas en el Madrid solo sumaba tres títulos. Si alguien le dice que iba a jugar otra década y a ganar 20 trofeos más…

«En 2011 llegué a pensar que podía salir del Madrid»

No me lo hubiera creído. Entonces llegué a pensar que mi etapa en el Madrid podía acabarse, porque conozco la exigencia del club y venía de unos años sin conseguir nada. Pero llega Pablo, ganamos la Copa en el Sant Jordi, que nos da mucha confianza, y jugamos la final de Liga. La perdemos, sin embargo, había cambiado la dinámica. Cuando parecía que mi etapa podía acabarse, vuelvo a ser importante. Y, como siempre, por no darme por vencido, por no estancarme.

Con 35 años lo eligen en el mejor quinteto de la Euroliga junto con Spanoulis, Teodosic, Nemanja Bjelica y Marjanovic.

La 2014-15 es la temporada perfecta, lo ganamos todo (Supercopa, Copa, Euroliga, Liga y al inicio de la siguiente, la Intercontinental) y mi actuación es muy buena, el fruto obtenido por perseverar después de años malos. Y además ganamos el Eurobasket en Francia y fui padre por primera vez. Un año irrepetible, aunque 2018 también fue muy bueno con la Euroliga en Belgrado y una gran química en el vestuario.

Felipe Reyes levanta el trofeo de la Euroliga en 2015 en Madrid.


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Felipe Reyes levanta el trofeo de la Euroliga en 2015 en Madrid.

Sabemos que usted tuvo una buena amistad con gente como Mumbrú, Hervelle, el Chacho… Un día le escuché decir que Mirza Begic le dejó huella, ¿qué otros compañeros que en principio la prensa y los aficionados no tenemos en la cabeza le han marcado?

Si menciono solo a unos parece que hago de menos a otros, pero es verdad que Mirza era un buen tío, gracioso y se adaptó rápido. Me encantaba eso, ver a alguien de fuera que hacía por integrarse rápido. Recuerdo también a Charles Smith y Venson Hamilton. Como capitán era muy fácil tratar con ese tipo de personas.

¿Qué se le pasó por la cabeza cuando le dicen: «El Madrid ha fichado a Nocioni»?

El Chapu era otro de esos jugadores increíbles. Solo le conocía de jugar contra él, cuando la rivalidad con los argentinos era grande, y es verdad que pensé: «A ver este…». Pero desde el primer día me di cuenta de que era un gran tipo, y muy gracioso. De esa gente que te marca, como Ayón, por dar otro nombre. Leyendas en la cancha y fuera de ella, personas fantásticas que potencian el buen ambiente.

Otro fichaje, Mirotic al Barça.

Teníamos muy buena relación, lo conocí desde pequeñito y fuimos vecinos, siempre traté de ayudarle. Cuando ficha por el Barça… ya está. El deporte es así, si su decisión era irse al Barcelona, no podía decir nada. Es una persona a la que quiero, lo he visto crecer y le tengo cariño. Las personas están por encima.

Y vio crecer a Doncic, con el que compartió habitación, podrá contarlo dentro de unos años.

Felipe Reyes, con Doncic, Campazzo, Randolph, Causeur, Rudy... en la Décima, en Belgrado 2018.


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Felipe Reyes, con Doncic, Campazzo, Randolph, Causeur, Rudy… en la Décima, en Belgrado 2018.

Lo puedo hacer ya con orgullo. Desde sus primeros entrenamientos lo teníamos claro, era muy bueno. Ese desparpajo y ese talento lo mostró desde el principio. Un jugador que aparece una vez cada no sé cuántos años, si es que aparece. Lo único que podíamos hacer era ayudarle y facilitarle la vida, lo que necesitan los jóvenes, que ya de por sí lo tienen difícil. También hay que tratar, si las cosas van bien, de que no se vengan muy arriba, de que mantengan los pies en el suelo, porque luego lo agradecen.

¿Ve a Llull y a Rudy jugando con 41 años como usted?

Por supuesto, estamos en las mejores manos, con el médico, nuestros fisios y nuestro preparador físico (Juan Trapero). A mí ellos, como me dicen, me alargaron el chicle.

El estilo del Madrid de Laso se mantiene, pero ahora es un equipo más interior y más defensivo, ¿cómo lo ve?

Un equipo muy físico, con jugadores de muchísimo nivel en todas las posiciones, no solo por dentro. Y con la vuelta de Randolph y de Thompkins aún va a ser más potente. Se puede llegar lejos, aunque hay rivales muy fuertes en la Euroliga y en la ACB.

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REPORTAJES

«La mujer puede lograrlo todo; quiero ser un ejemplo»

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Yulimar Rojas (Caracas, 26 años) es la atleta más dominadora del mundo. Vuela en triple salto hasta donde nunca lo hizo antes una mujer. En los Juegos de Tokio llegó su explosión. Oro olímpico y un nuevo récord mundial: 15.67. Borró por 17 centímetros el anterior de Kravets, de 1995. En primera línea vio el salto Ana Peleteiro, bronce. Ambas se abrazaron eufóricas, entrenan juntas en Guadalajara. Protagonizan el ‘Momento Olímpico’ de los Premios AS.

-¿Cómo recuerda esa final olímpica de triple salto en Tokio? ¡Vaya momentazo, oro y récord mundial!

-Pues muy agradable. Siempre viene a la mente. Cuando tengo un tiempito lo veo por televisión y lo recuerdo. La tendré en mi mente para siempre. Fue un momento único. Me enorgullece mucho ser la campeona olímpica. Fue todo perfecto. Con el récord en el último salto, con la vibra de toda mi gente a mi alrededor. Más allá de eso, fue muy importante la preparación con mi entrenador Iván Pedroso, toda la temporada fui muy regular, por encima de los 15 metros… Esta fue la culminación.

-Recibirá el premio AS ‘Momento Olímpico’ por su abrazo con Ana Peleteiro, bronce en aquella final y compañera de entrenamientos en Guadalajara.

-Creo que ambas demostramos al mundo que se puede trabajar en equipo para lograr grandes resultados. Y dejamos el nombre del Team Pedroso en alto. Sabía que Ana podía llegar lejos y conseguir esa medalla, algo que no todo el mundo veía tan claro, pero ella lo mostró con firmeza. El abrazo, el cariño mostrado, fue algo espontáneo. Y luego, las ganas que teníamos para que yo hiciera ese récord creo que era de todos y todas las que estábamos allí. Estoy muy agradecida a AS por este premio, es un medio que siempre apostó firme por mí y ya me dio un galardón en 2018.

Usted afirma que tiene un ‘don’. Le brota el talento.

-Yo siempre supe que nací para hacer deporte y que esta era la plataforma para aprovechar el potencial que tenía en mi vida. Trato de enfocarme mi don en el triple salto, y tengo claro que queda mucho que dar. Hay que seguir cuidándonos y mirar hacia adelante, con todas las ganas del mundo. Todo llega para el que sabe esperar.

-¿Cómo ha sido esa ruta hacia la cima, desde que llegó usted a Guadalajara en 2015 hasta ahora?

-Hay un poco de todo. Hay cosas que te hacen volver a tu camino, momentos buenos y no muy buenos. Me tiene muy contenta sobrepasar esas barreras que se interpusieron en mi vida. Eso te hace madurar y crecer. Sé que todo no van a ser flores y pétalos… Siempre hay ventajas y desventajas, y hay que saber clasificarlas para saber lo que te impulsa hacia adelante. Todo forma parte de un crecimiento y yo soy muy positiva, llena de entusiasmo con las cosas y trato de contagiárselo a la gente de mi alrededor.

«Ana Peleteiro y yo demostramos al mundo cómo se puede trabajar en equipo»

Yulimar Rojas

-Eso dicen en Guadalajara, que llega a la pista de la Fuente de la Niña de Guadalajara con su altavoz, su música, su alegría…

-Yo creo que la clave de todo mi éxito como tal, se basa en la felicidad, en llevar las cosas de buena manera, positivamente. Desde que era pequeña siempre fui una niña risueña y muy contenta. Siempre tuve esa alegría y me gusta que a mi alrededor la gente note esa vibra.

-Y esa alegría la lleva a la pista de atletismo.

-Es algo natural, que me sale solo, en cualquier competición. Da igual que sea un evento pequeño o en la final de los Juegos Olímpicos. Es mi manera de ser, expresiva y que implica a los demás. Los que me conocen saben que soy así, que Yulimar Rojas es la persona más feliz del mundo. Es la forma en la que quiero dejar una huella en el mundo, tratando de ser la misma persona, con mi carácter.


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Yulimar Rojas, antes de un salto en Tokio.

-En todo el camino del que habla, también ha sufrido una transformación a nivel deportivo: de técnica, de velocidad…

-Todo es un proceso. Nada está hecho de la noche a la mañana y más en un deporte como el atletismo, que es de muchos años para madurar. Siento que ha sido el fruto del trabajo de mucha gente que ha empujado detrás de mí, afinando para que haya alcanzado el máximo nivel. Siempre in crescendo. Cada día mejorando, puliendo las fases de cada vuelo, sacar los saltos cada vez más técnicos… Ahora da gusto verme saltar, antes era más complicado, porque mis saltos es cierto que tenían más defectos. Y todavía quedan cosas por pulir, de cara al futuro y ser mejor saltadora.

-Eso le iba a preguntar. ¿Qué piensa de cara el futuro?

-Una vez que batí el récord mundial (15,50 de Inessa Kravets hecho en 1995) con mis 15,67 de Tokio, ahora lo que me quita el sueño son los 16 metros. Es una marca mágica.

-¿Ya están más cerca los 16 que los 15?

-Es la meta que tengo fijada, es una marca bastante grande, pero yo creo que estoy hecha para ello. Es mi gran anhelo. Para mí los 16 metros sería lo más top del deporte, no sólo del atletismo. Decir, ¿puede hacer eso una mujer? La mujer puede lograr todo y yo quiero ser un ejemplo de ello, servir de inspiración. Que mi nombre se inscriba en el libro de la vida y abrir camino a todas las que vengan después en el futuro.


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Rojas hizo el saque de honor en el Camp Nou.

-Este 2021 sólo hizo un concurso de longitud, pero dio la sensación de que puede atacar el récord mundial esta disciplina (7,52, de la soviética Chistiakova en 1988). ¿Es factible?

-Sí. El triple es mi modalidad favorita, pero el salto de longitud me gusta mucho, es especial y sé que me llevo muy bien con él. Este año di un vuelco total, en la final de la liga española con mi equipo, el Barcelona, con un salto de 7,27, con algo de viento a favor también es cierto. Pero se nota una estabilidad en los 7 metros en el salto largo, que es como lo llamamos en Venezuela. No es un evento que entrene como tal, a veces hice alguna sesión con pocos pasos, pero nada especial. Así que el año que viene es importante y creo que puedo mejorar por ese lado. Sé que puedo saltar mucho más.

«La clave de todo mi éxito se basa en la felicidad»

-Se quedó con la espina de hacer triple y longitud en los Juegos, este 2022 hay Mundiales al aire libre en Oregón. ¿Quiere doblar?

-Está en mis pensamientos, es una de mis metas de este año hacer esas dos pruebas en Oregón, es algo que no he hecho nunca en un gran campeonato. Así que vamos a prepararnos para ello a ver qué sucede.

Junto a su entrenador Iván Pedroso.

-¿La veremos en los Mundiales de pista cubierta en Belgrado, en invierno?

-Estoy empezando a entrenar ahorita, veremos cómo evolucionan los entrenamientos y me voy sintiendo.

-Cuando ganó el oro en Tokio, habló del ‘ranchito’ de Anzoategui en Venezuela en el que creció…

-La base de todo es mantener la sencillez y las raíces para saber a dónde vas. Me siento feliz de donde nací y me críe. Y estoy orgullosa de decirle al mundo que viniendo de un sitio de escasos recursos, con pocas facilidades, todo se puede lograr cuando tienes ganas y el empuje de querer lograr tus sueños.

-¿Le ha cambiado mucho la vida el oro olímpico?

-Sí, la verdad es que sí. Ahora veo que muchas más personas me siguen y se identifican más conmigo. Eso es lo que más me llena de la vida, el disfrute del trabajo que has hecho. Hay mucho esfuerzo en lo que hago y es bonito recibir tantísimo cariño por todas partes.

-Una promesa para el futuro.

-Seguir construyendo mi legado, con más medallas, récords y transmitir mi alegría por todo los sitios.


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Peleteiro, Yulimar Rojas y Mamona. El podio olímpico.

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REPORTAJES

«Aspiro a valer para algo más que una carrerita y tres saltos»

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Rafa Payá

Por

Ana Peleteiro (Ribeira, A Coruña, 02/12/1995) transmite verdad, en la distancia corta y volando en los fosos. De un invierno duro pasa a mirar atrás el 2021 y ver un bronce olímpico, una plata europea, dos títulos nacionales y el récord de España (14,87). La mejor saltadora de la historia de nuestro país ha demostrado, a todos y a sí misma, que su máxima de trabajo, trabajo y trabajo, junto a su entrenador Iván Pedroso, es la única vía para alcanzar los éxitos pese al ruido que genera su ‘filosofía de vida’. «Gusto mucho o nada por cómo actúo, vivo o lo que digo», reconocía a AS con la medalla de Tokio colgada del cuello. Verla competir es un espectáculo de sensaciones que exprimen su poderío atlético y le convierten en un ‘animal’ del triple capaz de sacar lo mejor de sí en los momentos más complicados y límites, como el sexto salto del Europeo de Torun o el quinto en Tokio, algo reservado para los grandes elegidos. Ahora el reto son los 15 metros que seguro tiene en sus piernas y que antes ya ha saltado en su cabeza, esa que también ha trabajado duramente.

-¡Cómo cambia todo en unos meses…! De un invierno en el que costaba todo mucho a entrar en el siguiente con un baúl de medallas…

-Acabo supercontenta. Ha sido uno de los mejores años de mi vida que como dices empezó con cambios. Al final cuando quieres llegar más lejos debes salir de tu zona de confort y de lo que estás acostumbrado a hacer. Hacer algo diferente para marcar la diferencia con lo que habías hecho hasta el momento. Yo eso lo tenía claro y no tenía miedo a equivocarme porque confío mucho en Iván (Pedroso, su entrenador). Durante todo el año estuvimos probando cosas nuevas y eso tiene su parte buena y su parte mala porque te cuesta más entrar en acción y encontrarte cómoda con esos cambios, pero cuando te afianzas ‘te puedes poner muy peligrosa’. Me costó arrancar, pero luego salió todo sobre ruedas.


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-Explique cómo de importante es Pedroso en la actual Ana Peleteiro.

-Iván apareció en mi vida hace muchísimos años cuando yo fui campeona del mundo júnior siendo juvenil y en aquel entonces yo no me veía para venir y profesionalizarme tanto aquí en Guadalajara. Cuando volvió a aparecer en 2016 a pesar de que durante esos años entre 2012 y 2016 nos vimos, hablamos y siempre mantuvimos una buena relación, yo estaba entre retirarme o empezar a entrenar con él. No me lo puso fácil porque obviamente llevaba muchos años detrás de mí y recogerme cuando estaba en un estado tan malo físico y mental era un reto para él. Se lo tomó como tal, aceptó y desde entonces empezamos a construir la Ana Peleteiro que soy hoy en día.

-«El éxito individual es un trabajo de equipo y sin el trabajo de todos no sale», me dijo con el bronce olímpico colgado del cuello. Imagino que esa ‘ayuda externa’ ha sido clave para aunarlo con su trabajo, fortaleza mental y talento en el foso.

-Totalmente. Una de las mejores cosas que tengo y por la cual el trabajo está saliendo tan bien es que sé escoger muy bien a mi equipo y a la gente de la que me rodeo. Eso provoca que salgan resultados deportivos, mentales, físicos… muy buenos. Eso concierne a Iván, en lo físico al muy buen equipo de fisioterapeutas y médicos, y en lo psicológico empecé terapia con mi coach Rebeca López. Siempre hablo de ella porque si este año ha habido un cambio que ha provocado que la temporada competitiva haya acabado tan bien fue su irrupción en mi vida. Yo llevaba 2 o 3 años sin ser muy feliz a pesar de que mostrase una cara muy diferente. No acababa de encontrarme y vivía en una crisis de la que me fui dando cuenta poco a poco. No fue para nada fácil, pero si te sabes rodear de gente maravillosa que te quiere ayudar todo sale como debe de salir. Como digo, sé escoger y luego pongo mucho de mi parte en el trabajo que hacemos y eso da sus frutos. Y también quiero resaltar la importancia del papel de mi nutricionista, Roberto, que ha hecho un cambio físico conmigo brutal.

-Además de todos los mencionados está la ‘familia’ de Guadalajara entre los que que está Yulimar Rojas, oro en Tokio y recordwoman mundial de la misma especialidad. ¿Cómo es el día a día con ella?

-Las dos aprendemos cosas la una de la otra. Así lo pensamos y decimos las dos. Yo soy una persona muy competitiva y ella usa también entrenar conmigo para motivarse cada día y tener aún mejores resultados. Al fin y al cabo la vida es eso. Tener referentes y apoyarte en tus compañeros para mejorar. Este año con el maravilloso grupo que hemos formado Fátima (Diame), Héctor (Santos), Tessy (Ebosele), Alexis (Copello), Yulimar (Rojas) y yo estamos mejor que nunca, hay un ambiente brutal y eso se nota muchísimo a la hora de trabajar. La facilidad con la que estamos consiguiendo las cosas, lo bien que está yendo la temporada y lo bien que pinta la preparación para lo que viene por delante. Todo va sobre ruedas.

«Una de las mejores cosas que tengo y por la cual el trabajo está saliendo tan bien es que sé escoger a mi equipo y a la gente de la que me rodea».

-Precisamente con Yulimar protagonizó ese ‘momento olímpico’ que premia AS. ¿Qué recuerdos tiene de ese momento?

-Es curioso porque parece que fue ayer y a la vez parece que fue hace 20 años. Caló mucho en la gente porque fue 100% real. Soy una persona que no me gusta vivir del pasado porque eso lo que hace es estancarte aunque lo recuerdo con muchísimo cariño como un momento increíble, brutal, pero ya estoy pensando en repetirlo en el siguiente campeonato y ojalá se intercambien los lugares (se ríe) y así tenemos un poquito para cada una. Es una vivencia maravillosa que siempre voy a recordar y que enseñaré el día de mañana a mis hijos y a mis nietos si es que los tengo.


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-¿Le hace ilusión el premio de AS?

-Normalmente a los deportistas nos da pereza ir a recoger premios porque te saca de tu rutina y supone un pequeño sacrificio, aunque a mí me gusta, ponerse los tacones y pasar un rato un poco fuera de tu zona de confort, pero he de decir que cuando era más joven recibí muchos premios y no los supe valorar. Por eso a día de hoy recibir me provoca mucha ilusión porque me costó mucho volver a estar en el estatus de que te reconozcan y te consideren merecedora de ser premiada por algo. Bien sea por tus resultados deportivos o los valores que dejas en la pista. Por eso este año está siendo muy gratificante. Los reconocimientos son consecuencia de ese trabajo que llevo haciendo y también un ejemplo de que has podido triunfar, te has podido hundir pero que si te sabes rodear de la gente idónea puedes reflotar el barco. Mi caso es un ejemplo de ello. Cuando me dan un premio no solo por los resultados sino por los valores y el legado que dejo en la pista aún me gusta más y este Premio AS, que reúne ambas cosas, me hace muchísima ilusión.


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-Además de estrella del deporte es un personaje mediático y eso provoca mucho ruido en redes sociales. ¿Cómo lleva las polémicas y a los haters?

-Lo que se ve es la realidad. Me importa muy poco lo que digan de mí, no tengo miedo a la exposición pública ni a expresar mis pensamientos ni mis valores. Eso tienes sus cosas positivas y negativas. Yo prefiero ser una persona real y arriesgarme a ser un poco menos querida a ser una falsa y decir lo que otros quieren oír. Pertenezco a una generación joven que hemos crecido con las redes y eso me ha hecho entender que lo que te diga alguien al otro lado de una pantalla no tiene que importarte absolutamente nada. Te tienes que quedar con lo que te dicen las personas que te quieren y es lo que hago yo. Si alguien al que no conozco ni me conoce y con el que no he hablado nunca se queda con un titular o con un trozo de un vídeo se cree con derecho a juzgarme a mí me da igual. Si lo hace alguien que me conoce bien sí me preocupo e intento cambiarlo, mejorarlo o no volver a repetirlo.

«A mí con 16 años me atropelló el tren, me lanzó y me zapateó. Me llevé el host… de mi vida y ahora estoy disfrutando sabiendo lo que sí, lo que no, lo que puede y lo que tal vez».

-¿Cree que ser deportista de élite debe conllevar una responsabilidad de cara a la gente que le sigue y le admira?

-Los premios, las victorias… están genial. Te da muchísima repercusión, es muy importante y es para lo que yo entreno cada día, pero considero que los deportistas no somos sólo un resultado. Yo quiero hacer algo más con mi vida y no únicamente ser deportista. Cuando esto se acaba todo el mundo se olvida. La medalla la puedes aprovechar de rentas durante unos años, pero el mundo acaba dejándolo en un recuerdo pasado porque llegan otros deportistas, otros campeones… y ya está, te pasan por encima. Por eso creo que es importante dejar unos valores para que la gente te reconozca no sólo por los resultados y aquello que hacías en el foso, en el campo de fútbol, en la pista de tenis, en un circuito… sino por aquellas palabras, por aquellos valores que transmites, por las veces que te has mojado por causas sociales o por lo que has ayudado en lo que cada uno considere que debe hacer. Yo por ejemplo me mojo y hablo sobre cosas que considero que puedo aportar algo, no por cualquier cosa para dar que hablar. Hay que escoger cuándo y en qué entrometerse. Con Alberto (Suárez, su representante) lo estamos haciendo bien aunque he de reconocer que la gran parte de las cosas por las que me mojo no son planeadas. Por ahora voy a seguir haciendo las cosas así porque me llena y me gusta la sensación de que valgo para algo más que hacer una carrerita y dar tres saltos. Aspiro a más que eso.

-Recuerdo que dijo que de todos los mensajes postmedalla en los Juegos el que más ilusión le hizo fue el de sus padres. Esos valores familiares traerán recuerdos de momentos menos dulces…

-Te puedo decir más. El mejor momento del verano fue cuando volví a casa, me abracé a mis padres y vi sus caras. Yo estoy de vuelta. A mí con 16 años me atropelló el tren, me lanzó y me zapateó. Me llevé el host… de mi vida y ahora estoy disfrutando sabiendo lo que sí, lo que no, lo que puede y lo que tal vez. Soy joven, pero la vida me ha hecho aprender mucho muy rápido. Lo pasé muy mal pero a día de hoy puedo decir que tengo mucha experiencia y las cosas clarísimas.


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-¿Cree que vivir esos reveses da ventaja a los deportistas que los han sufrido respecto a los que han llevado un camino más recto por así decirlo?

-Yo creo que los que venimos de recibir un par de sopapos fuertes en lo que podemos ganar un poquito de ventaja respecto al resto es que sabemos lo que cuesta llegar hasta donde estamos y tenemos armas para sobreponernos al éxito y a que te regalen los oídos personas que posiblemente ni se alegren realmente de tus éxitos. Yo lo único que quiero es volver a ganar campeonatos y medallas para seguir aumentando mi legado deportivo. Eso es por lo que yo más o menos me rijo.

-¿Cómo afronta 2022?

«Es un año que me llena de ilusión porque hay muchísimas competiciones importantes y es la primera vez que voy a ir a mitines internacionales y me van a respetar».

-Pienso que será un año increíble porque en 2021 he quitado muchas cosas de mi vida que me van a ayudar incluso a sacar una mejor versión de mí. Tengo muchísimas ganas de demostrar que aunque me vaya muy bien no me voy a acomodar porque la última vez que pasó esto sí que lo hice. Es un año que me llena de ilusión porque hay muchísimas competiciones importantes y es la primera vez que voy a ir a mitines internacionales y me van a respetar. Ahora puedo decir que soy Ana Peleteiro dentro de la pista, antes no sentía que se me tenía ese respeto por parte, por ejemplo, de organizadores de mitines. El grupo que tenemos me motiva un montón, estoy feliz y eso es lo más importante. He renunciado a muchas cosas de trabajo fuera del deporte para dedicarme a esto al 100% y que sea un año productivo pese a ser postJuegos. Lo agarro con muchísimas ganas, ilusión y con ganas de que llegue febrero para que empiecen las competiciones y dar lo mejor de mí.

-La última. ¿Dónde se ve en 10 o 15 años?


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-El mundo de la comunicación me gusta y voy haciendo mis pinitos en él. Me siento viva y me entretiene. Los que están dentro me dicen que no se me da mal así que continuaré con esos pinitos que al fin y al cabo son formarse todo lo posible con aquellas personas que me quieren dar su granito de arena y puedo aprender de ellas. Sí que es cierto que en el futuro me gustaría verme en ese mundo, no sé en qué ámbito ni cómo porque todo dependerá mucho de la madurez y cómo sepa enfocarlo yo. Tengo mis empresas y creo que puedo estar tranquila el día que decida retirarme, pero no quiero quedarme en mi casa porque no me llenaría. Por eso entretenerme de vez en cuando me podría apetecer, pero he decidido que para eso primero quiero seguir cosechando y aumentando mi palmarés. Soy muy joven aún y sé que puedo conseguir muchísimas medallas más. Es mi motor a día de hoy y lo que más feliz me hace. No hay nada que supere esto y esta reflexión la hice hace poco tiempo. Después de los Juegos recibí ofrecimientos de muchísimos trabajos y colocando en un lado cuán feliz soy si las cosas van bien en el atletismo y logro éxitos y cuán feliz soy estando en la televisión o grabando un programa… el deporte va ganando por goleada. Por ahora, éste es mi lugar.

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